Artículo. “Otra receta para el fracaso. Un subalterno que no sigue órdenes, ni quiere ver la realidad. La batalla del Little Bighorn (1876)”

Artículo. “Otra receta para el fracaso. Un subalterno que no sigue órdenes, ni quiere ver la realidad. La batalla del Little Bighorn (1876)”

La batalla del Little Bighorn, peleada el 25 de junio de 1876, probablemente la victoria más grande de las tribus indígenas del Norte de América sobre el Ejército estadounidense, una victoria ganada en gran medida por el pésimo desempeño de un oficial estadounidense, y ese fue el teniente-coronel George Armstrong Custer.

Con el final de la amarga Guerra Civil Norteamericana (1861-1865) el proceso de expansión estadounidense hacia el oeste se reanudó, pero el extenso territorio ya era el hogar de un sin fin de pequeñas tribus indígenas que se defendieron. Ampliamente superadas las tribus fueron cediendo terreno, sin embargo su obstinada resistencia estaba causando estragos y en 1868, con el ánimo de aplacar a uno de los principales grupos de nativos, las autoridades de Washington le otorgaron a la tribu sioux una gran extensión de territorio del futuro estado de Dakota del Sur. Fue una solución y por un tiempo la existencia con este grupo fue pacífica, pero solo seis años más tarde una expedición estadounidense halló oro en las Montañas Black Hills de ese mismo territorio y el efecto fue desastroso. Ávidos de fortuna nutridos grupos de colonos se lanzaron a la zona y la fueron ocupando, obligando a los siouxs a ceder cada vez más del territorio que les habían otorgado.

La situación se tornó insoportable y en 1875 un nutrido grupo de guerreros y sus familias abandonaron la reservación y enfilaron hacia el oeste, hacia una región agreste donde esperaban vivir lejos del hombre blanco; además, la traición que habían sufrido empujó al líder sioux Toro-Sentado a unirse a varias tribus de cheyennes que se oponían abiertamente a la expansión estadounidense, y, ya unidos, siouxs y cheyennes juraron pelear para defender su nuevo territorio.

La noticia eventualmente arribó a Washington, donde las autoridades decidieron efectuar una campaña represiva. Los reportes de inteligencia indicaban que el grupo de sioux y cheyenes contaba con ochocientos guerreros, y con ese dato el presidente y sus comandantes asignaron los recursos para la campaña y en el plan elaborado desde varios fuertes cercanos partirían tres columnas de tropas que convergerían sobre el territorio de Dakota del Sur. Desde el sur avanzaría el general George Crook con 950 soldados; desde el noroeste llegaría el coronel John Gibbon con 450; y desde el noreste avanzaría la columna principal con 1,250 hombres bajo el mando del general Alfred Terry, quien era el comandante en jefe de la expedición. En total eran dos mil seiscientos cincuenta efectivos lanzados a someter a ochocientos guerreros nativos y traerlos a estos, y a sus familias, de vuelta a la reservación.

La campaña se puso en marcha. Las tres columnas fueron convergiendo en el territorio hostil; pero los indígenas ya estaban alertas y aprovechando su posición central se lanzaron a la lucha. El 17 de junio atacaron a la columna de Crook cerca de Rosebud Creek. Se estima que mil guerreros siouxs y cheyennes se lanzaron contra las tropas federales, y pese a que la columna de soldados logró replegarse, la realidad es que tuvieron que batirse en retirada.

Esa fue una primera victoria para los nativos. Los días pasaron. Mucho más al norte, sin saber que la columna de Crook ya había sido rechazada, las columnas de Terry y Gibbon se unieron el día 22 de junio. Ahora esa agrupación combinada contaba con 1,500 efectivos, entre los que se estaba el 7º Regimiento de Caballería bajo el mando de Custer. La columna combinada siguió el curso del río Yellowstone hacia el oeste, y para hallar a las tribus hostiles constantemente enviaba grupos de exploradores hacia el sur. Y precisamente al día siguiente, 23 de junio, primero esos exploradores hallaron un enorme rastro dejado por millares de individuos que se dirigían hacia el suroeste y luego, siguiendo ese rastro, más tarde hallaron lo que buscaban, en el horizonte lograron ver una enorme cantidad de columnas de humo que se alzaban desde el valle del río Little Bighorn. Ellos habían hallado la ubicación del campamento hostil.

Esa tarde los exploradores retornaron para dar su reporte y para la noche el general Terry llamó a sus subalternos para informarles del plan que había trazado. La ubicación general del enemigo había sido hallada, el adversario estaba en el valle del Little Bighorn, ahora era necesario hallar la ubicación exacta del campamento para así efectuar contra éste un ataque de pinzas el cual tenía que caer al mismo tiempo contra la sección norte y la sección sur del campamento hostil; y para efectuar su ataque Terry indicó que primero el 7º de Caballería, la unidad más maniobrable y más nutrida de la columna, que contaba con 675 jinetes, se separaría al día siguiente de la columna para tomar la delantera, y siguiendo el curso del río Rosebud, partiría hacia el suroeste para buscar el punto exacto donde estaba la sección sur del campamento hostil. Por la distancia a recorrer el regimiento tardaría un par de días para hallarse ante la sección sur del campamento hostil, pero de hecho, por la dirección y la distancia parece que Terry esperaba que Custer se uniera a la columna de Crook, para lanzar el ataque contra la parte sur del campamento hostil.

Pero el ataque de Custer solo era una parte del plan del general Terry. En el par de días que le tomaría al 7º alcanzar la sección sur del campamento hostil los restantes 900 hombres de su columna principal, en su mayoría infantes apoyados por caballería y artillería, primero seguirían el curso del río Yellowstone hacia el oeste, luego virarían hacia el sur siguiendo el curso del río Bighorn hasta alcanzar la sección norte del valle del Little Bighorn, así esos dos grupos convergerían sobre los extremos del valle en la mañana del 26 de junio para atacar el campamento desde dos puntos al mismo tiempo. Ese día tenía que terminar la campaña.

Finalizada la explicación del plan algunos oficiales de inmediato expresaron o sus dudas, específicamente del hecho que Custer recibiera un mando independiente; un comandante opinó que el 7º tenía que ser reforzado con los doscientos jinetes del 2º Regimiento, además sugirió que Terry partiera al mando de toda la agrupación de caballería. Pero Custer de inmediato rechazó la propuesta. Entonces sugirieron que el 7º se llevara consigo una sección de ametralladoras Gatling. Pero nuevamente Custer rechazó la propuesta. Y con esa última nota terminó la reunión, con Terry sancionando que Custer partiera independientemente. Aun así, al día siguiente, antes que el 7º partiera, el coronel Gibbon le dijo a Custer: “Entiéndalo, no sea codicioso. Espere a que arribemos”. Las órdenes para el teniente-coronel eran claras: primero efectuar un reconocimiento, luego esperar el arribo de las restantes tropas para efectuar un ataque combinado el día 26.

Custer partió en la mañana del día 24 con su 7º de Caballería. Horas más tarde su regimiento halló un enorme trecho donde los hostiles habían acampado: las señales eran claras, la tribu era mucho más grande de lo esperado. La marcha continuó y al anochecer el 7º Regimiento acampó, pero Custer estaba impaciente y luego que sus hombres cenaron ordenó que volvieran a montar, así comenzó una marcha nocturna no planificada por Terry; y aún hay más, en ese preciso momento, y contrario a sus órdenes que le indicaban que habría tenido que cabalgar hacia el sur por treinta y cinco kilómetros más, ordenó dirigirse de inmediato hacia el oeste, hacia el valle del Little Bighorn.

Custer ni estaba siguiendo sus órdenes, ni estaba confiando en la evidencia para discernir que tenía que actuar con cautela. De hecho, a la mañana siguiente, varias horas antes que se peleara la famosa batalla, se le presentó una última pieza de evidencia para discernir que tenía que actuar con cautela. En el amanecer, tras haber descansado un poco luego de la marcha nocturna, sus exploradores ascendieron a una colina cercana y desde allí quienes tenían la vista más aguda vieron un enorme campamento en el distante horizonte. Como la visión de Custer no era tan aguda sus exploradores le indicaron que el suelo del valle estaba cubierto de blancos tippies, incluso un explorador le comentó que era la mayor concentración de indígenas que había visto en su vida. Pero Custer permaneció inmutable, y al descender de la colina le ordenó a su regimiento reanudar la marcha hacia el oeste, porque ya había tomado una decisión: ese mismo día atacaría a los hostiles.

En éste momento es necesario hacer un paréntesis en la narración para observar una simple realidad de los ejércitos: y esa simple realidad es que los comandantes supremos nunca podrán hallarse en todos los puntos del campo de batalla al mismo tiempo, por esa razón ellos han de tener subordinados capaces, tanto para seguir órdenes, como para tomar decisiones; y las decisiones que toma un subordinado han de estar enmarcadas dentro del plan establecido por su comandante en jefe, solo siguiendo el plan un ejército alcanzará un grado de coordinación entre las partes para tener una mejor probabilidad de triunfar. Pero además de seguir órdenes para que las partes actúen coordinadamente ha de existir la flexibilidad de la toma de decisiones para los subalternos, necesaria porque estos han de poder enfrentar imprevistos no contemplados en el plan del comandante, imprevistos que el subalterno podrá observar previo a o en el punto de contacto con el enemigo, para así aprovechar oportunidades o evitar amenazas.

En la campaña punitiva ordenada en 1876 las autoridades de Washington habían asignado los recursos que consideraban necesarios para enfrentar a las tribus hostiles, y pese a que su servicio de inteligencia les había fallado, porque las tribus tenían el triple de guerreros, el plan trazado el 22 de junio por Terry, como subordinado de Washington, era sólido. Con los recursos a su disposición el general quería efectuar un ataque desde dos direcciones para sembrar el pánico y la confusión en el campamento hostil. Entonces Custer partió el día 24 al mando de una unidad independiente, ahora éste tenía que tomar sus decisiones para usar de la mejor manera posible los recursos que tenía para cumplir con su misión, sin embargo ya desde ese mismo día estaba lanzando por la borda el plan de su comandante y tampoco estaba tomando en cuenta la evidencia que se le presentaba para tomar decisiones apropiadas. Custer ya no estaba a la altura de tener un mando independiente.

Y en ese contexto hemos de reconocer que Terry, como comandante en jefe, también cometió el error de no ver la evidencia que se le presentaba, y la evidencia le tendría que haber indicado que Custer ya era un individuo en decadencia. Quince años atrás Custer se había graduado de West Point; y en ese momento su paupérrimo desempeño parecía indicar que estaba destinado a tener una carrera militar mediocre, sin embargo ese mismo año estalló la Guerra Civil y a partir de ese momento se distinguió en combate, demostrando una enorme valentía bajo fuego y una gran habilidad táctica. Súbitamente fue ganando un ascenso tras otro, y tras solo tres años obtuvo el rango honorifico de mayor-general recibiendo el mando de toda la 3ª División de caballería, y por sí eso fuera poco Custer alcanzó el status de héroe nacional. Era una estrella, sin embargo ese fue el punto álgido de su vida. Tan pronto como finalizó la guerra la 3ª División fue disuelta y su fama se esfumó y en 1866 retornó al rango de teniente-coronel recibiendo el mando del 7º Regimiento.

Y su caída a lo largo de la cadena de mando no fue la única razón de malestar para ese oficial. Primero, en 1867, enfrentó una corte marcial por ausentarse de su puesto sin permiso, fue hallado culpable y le habrían suspendido del servicio activo por un año, sin embargo en ese momento intervino el general Sheridan, mentor y amigo de Custer, quien le salvó del castigo. Luego, por los siguientes nueve años, Custer participó en las guerras contra las tribus indígenas, pero en ningún momento se distinguió, hasta que finalmente le llamaron para participar en la campaña de 1876.

Pero incluso en ese momento, algunos meses antes que la expedición partiera, le llamaron a Washington para que respondiera por acusaciones de fraude durante su trabajo en la Oficina de Asuntos Indígenas. Las audiencias fueron acaloradas, Custer perdió el control y, aunque no le hallaron culpable, lanzó amargas declaraciones contra otros oficiales de la administración, así ganó poderosos enemigos y por un momento pareció que le dejarían fuera de la campaña, sin embargo otra vez Sheridan, y ahora el general Terry, intervinieron, y solo por el esfuerzo en conjunto dejaron que Custer se uniera a su regimiento para participar en la campaña.

Bajo esas circunstancias Custer se unió a la expedición y Terry le dio un mando independiente. Custer estaba al mando. Ahora él tenía que actuar inteligentemente dilucidando oportunidades y enfrentando amenazas que se le presentaran; tanto por la responsabilidad de seguir con las órdenes del plan preparado por su comandante, como por la obligación moral que tiene todo oficial sobre los hombres que están bajo su mando. Pero Custer fue demostrando en los días 24 y 25 que no estaba ni remotamente a la altura de estar al mando de una tropa. Terry tenía que haber visto con preocupación el desarrollo de la vida de Custer, pero su amistad le segó a la evidencia y le dejó partir.

Y nunca reconoció que Custer ya era un hombre desesperado que ya no tenía nada que perder, por eso a Custer ya no le importó la evidencia que se le presentaba, que el enemigo era más numeroso de lo esperado, y en lugar de actuar con cautela decidió que su única opción era ganar la batalla por sí solo para recuperar su fama perdida.

Así horas después del mediodía del 25 de junio su regimiento entró en contacto con el enemigo, pero previo a lanzarse a la lucha continuó acumulando una desastrosa decisión tras otra. Porque incluso ahora imperdonablemente dividió a su unidad en tres columnas independientes, con la esperanza de ejecutar su propio ataque envolvente contra el enorme campamento, y es así como se lanzó a la batalla del Little Bighorn. De inmediato dos de sus tres grupos de jinetes fueron enfrentados por dos mil quinientos guerreros nativos y ese día Custer y el 50% de sus hombres murieron, y es muy probable que todo el regimiento habría sido aniquilado, sí no es porque al día siguiente Terry arribó al norte del valle con la columna principal obligando a los indígenas a retirarse.

Bueno, aquí termina este relato, sobre como irresponsablemente un comandante en jefe le dio a un amigo incapaz un mando independiente. Creo que Custer era un oficial con tendencias suicidas quien solo tenía un objetivo en mente: restablecer su fama o morir en el intento. Y es obvio que en el camino hacia su muerte nunca le importó lo que pudiera sucederle a los seiscientos hombres bajo su mando. Así de simple.

Bueno, espero que este artículo haya sido interesante.

Atentamente,
Victor Aguilar-Chang

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