Artículo. “El corvus, ¡el gran destructor de barcos cartagineses … y romanos!”

Artículo. “El corvus, ¡el gran destructor de barcos cartagineses … y romanos!”

Retornemos en el tiempo casi dos mil trescientos años, a la Primera Guerra Púnica (264-241 a.C.), en ese conflicto tenemos un ejemplo excelente sobre una guerra que fue decidida por el poder naval, y también podemos observar como el diseño de los barcos tuvo un enorme impacto en el desenlace de las batallas navales que se pelearon.

En esa ocasión se enfrentaron las dos superpotencias que para esa época reinaban supremas alrededor de las aguas del mar Mediterráneo: Roma y Cartago. Sus metrópolis estaban fuera de peligro, ya que se encontraban separadas una de la otra por las aguas del Mediterráneo, pero justo entre ellas se alzaba la isla de Sicilia. Las fértiles tierras de aquella eran famosas por la enorme cantidad de alimentos que producían y a medida que la esfera de influencia de ambas comenzó a expandirse en esa dirección comenzaron a codiciarla. Y de la codicia eventualmente pasaron a la lucha desatando a sus ejércitos sobre las tierras sicilianas.

Y es fundamental observar que desde su desembarco en Sicilia los ejércitos romanos reinaron supremos en las acciones de campo abierto, y sin más opción los cartagineses tuvieron que replegarse a las ciudades amuralladas que se extendían a lo largo de la costa oeste de la isla. Pero en ellas los defensores se alzaron formidables, porque eran constantemente reforzados por los barcos de la flota cartaginesa que arribaban sin dificultad alguna a dejarles provisiones y más tropas.

Así se arribó a un punto muerto. Mientras los cartagineses tuvieran a su Marina operando alrededor de la isla sus ciudades amuralladas permanecerían en pie de guerra indefinidamente.

Era fundamental acabar con los barcos enemigos. Pero no sería una tarea fácil. Porque el Imperio cartaginés había sido construido alrededor de su poderosa marina. Por generaciones sus barcos de guerra y sus barcos mercantes habían surcado el Mediterráneo sin oposición alguna y la reputación de sus marineros era impecable.

Sin embargo no quedaba otra opción y el Senado romano autorizó la construcción de una flota de guerra. Sería la primera flota en la historia de esa República. Pero los romanos también aceptaron una simple realidad: ellos eran novatos y en una batalla tradicional sus enemigos triunfarían usando la maniobrabilidad y los espolones de las galeras de guerra. Pelear una batalla de ese tipo no era una opción, entonces un astuto romano vislumbró una solución, la misma fue presentada y sancionada por el Senado: en la proa de todas las galeras de su flota se instaló un pesado e innovador aparato. Era un puente de asalto. Era el corvus.

El ingenioso aparato se hallaba sobre una base giratoria y así se podría usar en cualquier dirección en la que apuntara la proa del barco romano y cuando un barco cartaginés se hallara pasando cerca el pesado puente de asalto sería activado y caería sobre la cubierta de la nave enemiga, donde quedaría firmemente clavado gracias a un enorme pico de hierro. Así se detendría la marcha de la nave enemiga y los legionarios de la galera podrían efectuar una operación de abordaje sin dificultad alguna.

Entonces los romanos salieron a presentar batalla. Y he aquí que la tecnología llegó para darles una enorme ventaja. En un período de cinco años lograron tres grandes triunfos: en Mylae (260 a.C.), Ecnomus (256 a.C.) y el cabo Hermes (255 a.C.). En las tres batallas sus enemigos perdieron cientos de barcos y decenas de miles de hombres de sus valiosas tripulaciones, quienes murieron o fueron hechos prisioneros. Parecía que los romanos habían hallado la receta perfecta para el éxito.

Pero el destino les tenía una amarga sorpresa. Luego de su enorme victoria en el cabo de Hermes su flota estaba retornando a casa para la enorme fiesta de celebración, cuando una tormenta la atrapó en alta mar y casi la aniquiló: 284 de sus 364 barcos de guerra se fueron a pique, casi el 80% de su número, y con esas naves perecieron 90,000 hombres.

Fue una enorme tragedia. Pero la guerra tenía que continuar. Pese a sus tres derrotas previas el Imperio cartaginés aún estaba en pie de guerra. Nuevamente la República se vio forzada a poner en marcha a su enorme capacidad de producción y en poco tiempo colocó en el Mediterráneo a una nueva flota de 200 galeras, la cual pronto se halló patrullando las aguas alrededor de Sicilia. Pero también fue atrapada por una tormenta y casi destruida por completo.

Dos veces el clima adverso había aniquilado a dos flotas. La República lamentaba la pérdida de cuatrocientas galeras. Un número muy superior al de todas las naves que había perdido en combate; entonces se inició una investigación y descubrieron que el problema estaba en el mismo corvus. El pesado aparato provocaba que sus barcos fueran inestables y los dejaba extremadamente vulnerables al clima.

Lo interesante es que ellos aceptaron la evidencia y actuaron correctamente, y los corvus fueron retirados de sus barcos. Ahora tuvieron que optar por pelear una batalla tradicional en la que tendrían que confiar en la maniobrabilidad y los espolones. Eventualmente su tercera flota salió de los astilleros y salió a buscar batalla; solo para ser amargamente derrotada en la batalla de Drepanum (249 a.C.), donde quedaron ampliamente demostradas las deficiencias en el entrenamiento de las tripulaciones y los comandantes romanos.

Pero la guerra continuaba y nuevamente tuvieron que echar mano a sus recursos y ellos lograron poner en pie de guerra a su cuarta flota. Era la cuarta agrupación construida en menos de doce años, y ya estaban rascando el fondo del barril: las arcas del Estado estaban vacías y tuvieron que solicitar donaciones privadas a los ciudadanos más acaudalados de la República.

Para finales del  243 a.C. ya tenían en alta mar a más de 200 quinquerremes; pero ésta vez durante todo el verano del 242 a.C. la flota se entregó a una intensa ronda de entrenamiento y solo después de un año de entrenamiento partió a buscar batalla.

Los cartagineses tenían a su propia flota operando en el Mediterráneo. Pero también se hallaban en una amarga situación. Tras décadas de guerra y numerosas derrotas navales ya casi se habían quedado sin tripulaciones, pero con un esfuerzo enorme lograron reunir una nueva agrupación y el 10 de marzo del 241 a.C. los adversarios chocaron por última vez. Esta vez cerca de las islas Egadas ante la costa de África. Fue una batalla tradicional de maniobras en la cual se usaron los espolones, y en ella más de la mitad de la flota cartaginesa se fue a pique. Roma había ganado un rotundo éxito en una batalla tradicional.

Fue la gota que derramó el vaso. Tras veintitrés años de conflicto los cartagineses ya estaban agotados, y en el tratado de paz que firmaron le cedieron el control de Sicilia a Roma.

Desde el punto de vista estratégico éste conflicto nos demuestra que su desenlace se hallaba en lograr el control de las aguas alrededor de Sicilia, solo así las tropas en tierra podrían triunfar. Desde el punto de vista táctico el corvus representó una solución interesante para darle a los romanos la oportunidad de efectuar operaciones de abordaje en alta mar; pero esa ventaja era ampliamente anulada por la enorme inestabilidad que provocaba en sus barcos, y un barco inestable no puede sobrevivir por mucho tiempo. Esa es una simple realidad y por esa razón el corvus no sobrevivió al paso del tiempo. Porque fue el culpable de provocar una enorme cantidad de bajas, tanto en las flotas cartaginesas, como en las romanas.

Bueno, espero que el artículo les haya gustado.

Atentamente,
Victor Aguilar-Chang

 

Como una curiosidad extra les presento un video de un juego de mesa que explica el uso de las galeras de guerra. En el video se representa la famosa batalla de Salamina (una de las batallas que presento en mi primer libro de la serie Combate-Naval). En sus minutos finales podemos apreciar como la batalla en las aguas del estrecho de Salamina se convierte en un enorme atolladero en el que ya no es posible maniobrar para usar los espolones. Y allí termina el juego.

Para mí esa simulación es muy interesante, ya que refuerza la hipótesis que manejo sobre el desenlace de esa batalla. En mi hipótesis sugiero que la batalla de Salamina fue decidida por las acciones de abordaje, porque eventualmente la batalla se tornó en un enorme atolladeros y ya con los barcos varados unos contra los otros los infantes de marina griegos, pesadamente equipados y bien entrenados para la lucha cuerpo a cuerpo, reinaron supremos, saltando de barco en barco y sometiendo a sus adversarios en el combate con las armas cortas. Creo firmemente que esa fue la causa de la enorme victoria griega, y no el uso de los espolones, como se afirma en todos los restantes relatos de la batalla.

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