Artículo. “Representación. La eterna búsqueda de los gobernados. La independencia de los Estados Unidos de América”

Artículo. “Representación. La eterna búsqueda de los gobernados. La independencia de los Estados Unidos de América”

Hola, ahora tendremos la oportunidad de analizar una pregunta que siempre es relevante desde el punto de vista de gobernantes y gobernados, y la pregunta es: ¿Qué motiva a una sociedad a alzarse en armas contra las instituciones que la gobiernan? La misma es una pregunta extremadamente compleja, sin embargo es posible tomar algunas lecciones de la historia, y para obtener ejemplos podemos dirigir nuestra atención hacia el tercer cuarto del siglo XVIII, a los acontecimientos que fueron dándose en América y en Europa, porque esa fue la Era de las revoluciones, cuando numerosos pueblos europeos y americanos se alzaron en armas contra las instituciones que les gobernaban. Y como un ejemplo de esa pugna entre gobernantes y gobernados hemos de dirigir nuestra atención hacia las colonias que el reino de Inglaterra había establecido en América.

Para mediados del siglo XVIII América continuaba experimentando el proceso de la pérdida de sus territorios a manos de los imperios y reinos de Europa Occidental. Proceso que fue iniciado por España en el siglo XV, y ésta, para el siglo XVIII, ya se hallaba sólidamente establecida en la sección central y sur de América. Mucho tiempo después, contra la sección norte, los reinos de Inglaterra y Francia iniciaron su propio proceso de conquista y en ese territorio las colonias de esas naciones europeas se hallaban en un estado de constante lucha.

Las guerras y las escaramuzas entre esos reinos continuaban sin cesar, hasta que finalmente, con la conclusión de la guerra de los Siete Años (1756-1763), las tropas de Gran Bretaña expulsaron a los franceses de Canadá. Con ese rotundo éxito la corona británica duplicó su territorio colonial en Norteamérica, pero también, sin que el rey Jorge III (r. 1760-1800) y su Parlamento se percataran de ello, en el corto plazo la adquisición de los nuevos territorios trajo consigo un enorme incremento en los gastos administrativos coloniales. Así, para enfrentar el enorme desembolso, las autoridades británicas aplicaron una nueva ronda de impuestos a sus colonias en Norteamérica.

Esa nueva ronda de impuestos fue aplicada a mediados del siglo XVIII, y se aplicaron dentro del marco de un momento trascendental en la historia de la humanidad, cuando la sociedad occidental comenzaba a aplicar los principios filosóficos que había traído consigo la Era de la Ilustración. Y ésa, esa es la corriente filosófica fundamental que cambió el rumbo en que caminaba la humanidad, ya que en esencia buscaba que la razón reinara suprema sobre todos los aspectos de la vida del humano, y en ese contexto, adhiriéndose a ideales de eficiencia racional, los gobernantes británicos aplicaron nuevos impuestos y nuevas formas de recaudación de los mismos, con la clara intención de eliminar prácticas y costumbres que mermaban la eficiencia en la recolección de la tributación colonial.

Ah, pero la Ilustración no solo nació para tener una mayor eficiencia en la recolección de los impuestos. Esta también traía consigo una idea fundamental que se aplicaba a la interacción entre gobernantes y gobernados: y ese principio fundamental era la igualdad de todos en la sociedad ante la ley y el derecho del gobernado a tener voz y voto dentro de las decisiones del gobierno.

Y esa idea fundamental también había arribado a las colonias británico-americanas. Allí los colonos británicos nacidos en América realizaron un análisis racional de las leyes que regían a los territorios de Gran Bretaña y, observando que sus colonias ya habían alcanzado varias características básicas, como densidad de población, capacidad de producción y, en especial, niveles de contribución tributaria a la Corona, arribaron a la conclusión que los territorios coloniales podían tener representantes dentro de las decisiones de gobierno. Su propuesta fue que las colonias, al ser otra parte productiva y de gran importancia dentro del reino, tuvieran voz y voto dentro del Parlamento.

Representación dentro de la toma de decisiones estatales. Allí se halló el punto de discordia. Porque mientras que el Rey y el Parlamento veían a las colonias como una simple aventura comercial y demandaban de sus colonos una ciega obediencia, los colonos comenzaron a pedir una igualdad de trato.

Los primeros colonos que arribaron a esa conclusión, actuando como fieles súbditos de la Corona, enviaron solicitudes formales bien argumentadas a las autoridades solicitando ser escuchados. Nadie en esa etapa inicial quería la separación de las colonias del reino. Sin embargo sus solicitudes cayeron en oídos sordos y en la metrópoli la indiferencia fue la moneda de cada día para los colonos. Y a la indiferencia de las autoridades se fueron sumando otros eventos que irían exacerbando la situación.

En 1763, en el mismo año que finalizó la guerra de los Siete Años, estalló la Rebelión Pontiac, un alzamiento masivo de indígenas quienes se lanzaron contra la frontera occidental de las colonias británicas; cientos de colonos murieron, miles más fueron desplazados y una gran franja de territorio fue devastada. Previo a ese momento las autoridades habían confiado en las milicias de cada territorio para la defensa de cada localidad; pero la Rebelión Pontiac demostró que los milicianos no eran suficientes, y para detener la destrucción las autoridades enviaron a las colonias contingentes sustanciales de su ejército regular, y para 1766, por una gran variedad de razones, la rebelión indígena llegó a su final.

La paz había retornado a la frontera occidental. Pero las autoridades decidieron que era necesario dejar en las colonias a un nutrido contingente del Ejército regular; sin embargo esa asignación de recursos trajo consigo un serio inconveniente.

La enorme ventaja de tener milicianos como fuerza de seguridad local era que a estos no se les pagaba un salario, traían consigo todo su equipo personal, y solo se les llamaba en una emergencia y una vez finalizada dicha emergencia esos hombres retornaban a sus hogares. En cambio las tropas regulares permanencia en servicio activo permanentemente, y a estos soldados se les tenía que alimentar, equipar, darles un techo y una paga, tanto en tiempos de paz como de guerra.

Ese era otro dilema fundamental para todos los gobiernos europeos que tenían colonias a lo largo del planeta: ellos tenían que defender sus posesiones, pero a medida que asignaban más recursos a las fuerzas de seguridad el desembolso se incrementaba. Como ejemplo, en 1748, previo a la guerra de los Siete Años, la corona británica desembolsaba 70,000 libras esterlinas anuales para la defensa de sus colonias norteamericanas, doce años más tarde, para 1760, durante el punto álgido de la guerra de los Siete Años se halló desembolsando 350,000 libras al año, cuando tuvo en pie de guerra a 42,000 soldados regulares y milicianos operando contra las colonias francesas. Ahora, a mediados de la Rebelión Pontiac, las autoridades tomaron la decisión de dejar en América a 10,000 soldados del ejército regular.

Y claro está, las autoridades decidieron que los colonos tenían que pagar por ese gasto, el 25 de marzo de 1765 en Inglaterra se aprobó la Ley de Estampillas y Rentas, con ella se aplicarían estampillas para efectuar el cobro de los impuestos de importación aplicados a las colonias. Y luego esa primera ley fue seguida por la Ley de Acuartelamiento, la que obligaba a los colonos a construir barracas y proveerle de alimentos a las tropas regulares. Obviamente las autoridades estaban demandando más recursos de las colonias; pero al mismo tiempo se rehusaban a escuchar a quienes solicitaban una representación en el Parlamento.

Los ánimos estaban caldeados. Los impuestos seguían incrementándose y las solicitudes de representación seguían siendo rechazadas. Algunos colonos continuaron alzando protestas por los canales formales. Pero muchos más pasaron a tomar medidas de hecho y en una decisión interesante iniciaron un enorme boicot. A lo largo de las colonias se negaron a comprar los bienes a los que se aplicaban las estampillas, y lo interesante es que el boicot redujo el comercio con la metrópoli en 600,000 libras esterlinas; los mercaderes de Londres sufrieron tales pérdidas que estos sí iniciaron su propia campaña de presión contra el Estado, y, porque ellos sí tenían un nivel sustancial de representación, los mercaderes de Londres lograron la caída del gobierno parlamentario y cuando el siguiente cuerpo legislativo ocupó el Parlamento, en marzo de 1766, éste de inmediato abolió la Ley de Estampillas. El boicot había triunfado. Sin hacer un solo disparo los colonos habían detenido en seco una medida ordenada por la metrópoli.

En ese momento las autoridades británicas deberían de haber visto con enorme preocupación la medida de hecho que habían tomando numerosos colonos. La calma retornó, sin embargo el dilema presupuestario aún persistía. El nuevo gobierno parlamentario propuso reducir el número de tropas regulares, pero también, casi cuatro años después, ordenó incrementar los impuestos de importación en tres artículos, el papel, el vidrio y el té, y envió a Boston, el principal puerto de las colonias británico-americanas, a un grupo de comisarios especialmente entrenados para mejorar la recaudación de la nueva ronda de impuestos.

Con el arribo de los comisarios a Boston se aplicaron los nuevos impuestos, pero en la ciudad la reacción de la población fue violenta. Una muchedumbre amenazó con quemar la casa de aduanas, entonces los comisarios recién llegados tuvieron que pedirle ayuda al ejército…y sucedió. El 5 de marzo de 1770 las tropas arribaron con órdenes de dispersar a los revoltosos. Desafortunadamente sus intentos terminaron en una balacera en la cual cuatro civiles murieron y siete fueron heridos. Esa fue la Masacre de Boston. Y como un producto inmediato de la misma en las restantes colonias británico-americanas se alzaron virulentas voces de protesta. El gobierno metropolitano reconoció el peligro de una revuelta general, y para apaciguar los ánimos de los colonos ordenaron eliminar la nueva ronda de impuestos, exceptuando aquellos que se aplicaban al té.

La situación fue retornando a la calma. Pero dos años más tarde, en 1772, las autoridades intentaron aplicar una nueva Ley de Comercio que traía consigo una nueva ronda de impuestos, pero que en las colonias dio como resultado una nueva ronda de protestas. En otro acto de rebeldía el 16 de diciembre de 1773 un grupo de colonos abordó barcos mercantes que estaban en Boston y lanzaron por la borda numerosas cajas de té destruyendo esa mercancía. La resistencia era cada vez más activa.

Pero en ésta ocasión las autoridades en Inglaterra tomaron la decisión de ya no perseguir una política conciliatoria y de la metrópoli partió la orden que precipitarían los eventos: Boston tenía que ser sometida y tenía que convertirse en un ejemplo para las restantes colonias. Como primer paso se retiró de esa localidad a la casa de aduanas; ya no podían entrar al puerto barcos a descargar mercancías, y como segundo paso en el perímetro exterior de la ciudad destacamentos del Ejército comenzaron a erigir fortines. Así aislarían a la ciudad del resto del mundo y ese bloqueo permanecería en pie hasta que los habitantes de la ciudad pagaran una indemnización por el té que habían destruido.

Desesperados los habitantes de la ciudad solicitaron ayuda a las restantes colonias. Y lo interesante es que su solicitud tuvo un efecto trascendental. En otoño de 1774 grupos de colonos descontentos decidieron crear su propio cuerpo legislativo en América, éste se llamó el Congreso Continental, que se reunió formalmente por primera vez el 5 de septiembre de 1774, y en ese primer día el cuerpo legislativo aprobó el Pacto de Asociación, que llamaba a todas las colonias a unirse a un boicot generalizado contra el comercio con la metrópoli.

Desde el punto de vista de las autoridades británicas el Congreso Continental era un cuerpo de gobierno ilegal. Pero el simple hecho que fue creado debió de haber sido una evidencia más del descontento generalizado de los colonos. Nuevamente las autoridades deberían de haber tomado muy en serio las demandas de representación, sin embargo nuevamente desestimaron la resolución de quienes expresaban su malestar y se adhirieron ciegamente a su política de cero tolerancia. Entonces se ordenó restaurar la paz y el orden y asegurar la total obediencia de todos los súbditos de la Corona.

Para lograrlo las autoridades decidieron desarmar a las milicias locales y el 18 de abril de 1775 un destacamento del Ejército regular fue enviado a destruir un depósito de armas y municiones de las milicias de Concord; pero en su ruta de marcha el destacamento entró al poblado de Lexington, donde halló su camino bloqueado por un grupo de milicianos armados. Y sucedió. Nadie sabe quien fue el primero en disparar, pero en la balacera resultante ocho colonos murieron.

Así estalló la primera escaramuza entre colonos y las autoridades metropolitanas. Tras años de tensión se había dado el primer encuentro de la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica. Lo demás es historia.

 

Como conclusión. En la Era de las revoluciones los pueblos de Europa y de América se alzaron contra las autoridades de gobierno porque sus deseos de representación, con voz y voto dentro de las decisiones estatales, fueron rechazadas sistemáticamente por las autoridades, hasta que se llegó al punto en el cual los gobernados optaron por alzarse en armas para así crear sus propios cuerpos de gobierno.

 

Bueno, espero que este árticulo les halla gustado. Y sí les gustó la información del mismo éste solo fue un extracto de toda la información que pueden hallar en mi libro “La independencia de América Latina sobre los Imperios de España y Portugal (1811-1825)

 

Atentamente,

Victor Aguilar-Chang

 

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