Artículo. “Las batallas de maniobras en la PGM: atacar los puntos débiles del enemigo y evitar sus fortalezas. La batalla del Káiser 1918”.

Artículo. “Las batallas de maniobras en la PGM: atacar los puntos débiles del enemigo y evitar sus fortalezas. La batalla del Káiser 1918”.

Ahora tendremos la oportunidad de estudiar una doctrina táctica impresionante que fue acuñada por el Ejército Imperial alemán en la Primera Guerra Mundial, la cual dejó las bases para crear la famosa Blitzkrieg de la Segunda Guerra Mundial.

Vamos al último año de la Gran Guerra. Específicamente al día 21 de marzo de 1918, cuando los alemanes efectuaron una de sus últimas ofensivas. Éste conflicto había sido enorme. Millones pelearon en los ejércitos de los contendientes y gracias a la habilidad de mantenerlos aprovisionados, y de reunir suficientes reemplazos, los enormes ejércitos permanecieron indefinidamente en contacto, incluso no era necesario que las tropas se retiraran a campamentos de invierno, así, con los ejércitos en contacto permanente, quedaron separados por una delgada franja de tierra de solo algunos cientos de metros, la que pronto fue conocida como la «tierra-de-nadie»; quien intentara entrar a la misma, a plena luz del día, tenía escasas probabilidades de sobrevivir.

Quienes lanzaban ofensivas buscaban terminar con el estancamiento usando copiosas cantidades de artillería, para así aniquilar a quienes estaban del otro lado de la tierra de nadie y, sin que su infantería sufriera demasiadas bajas, se esperaba que avanzara para ocupar los restos de las trincheras enemigas. Así se orquestó una larga guerra de desgaste. Y ese día 21 de marzo de 1918, exactamente a las 04.40 horas de la madrugada, a lo largo de sesenta kilómetros del frente occidental abrieron fuego seis mil cuatrocientos setenta y tres piezas de artillería alemanas de todos los calibres, y por las siguientes cinco horas sus armas lanzaron un millón ciento sesenta mil proyectiles sobre las trincheras del Tercer y del Quinto Ejército británico. Cientos murieron, millares más fueron heridos, muchos por metralla y otros por gases tóxicos. Era la tradicional primera fase de cualquier ofensiva, y luego, a las 09.40 horas, comenzó el ataque de la infantería. A lo largo de esos sesenta kilómetros decenas de miles de hombres de unidades de asalto saltaron fuera de sus trincheras. Y éstos eran los auténticos stormtroopers, soldados élite quienes corrieron hacia adelante en pequeños grupos para alcanzar lo más pronto posible la primera línea de trincheras enemigas.

De hecho, alcanzar la alambrada de la primera línea enemiga solo sería el inicio de la acción, porque tras cuatro años de conflicto el sistema de trincheras de los ejércitos había alcanzado una profundidad previamente inimaginable. Para 1918 el sistema de trincheras británico tenía una zona-avanzada, una zona-de-batalla y una -de-reserva; y sus nombres nos revelan su función. La primera zona tenía una cantidad de puestos de observación avanzados apoyados por algunas trincheras y reductos, todos estos detrás de densas alambradas; su función: dar una alerta temprana y con los reportes se podría determinar la magnitud y la dirección del ataque enemigo y se esperaba que los defensores de esa zona permanecieran donde estaban causando una cantidad sustancial de bajas antes de replegarse. Ese sería un primer obstáculo para disminuir el ímpetu del avance enemigo. Y tras ellos sus camaradas en las siguientes zonas entrarían en acción. Y en la zona de batalla se hallaría el grueso de la tropa que defendía la línea de trincheras. Estos se encontraban tras un denso campo de alambradas en una maraña de trincheras y fortines. Allí se pelearía la acción principal y se detendría al grueso del enemigo, pero como se esperaba que fuera inevitable que aquí y allá algunos enemigos pudieran penetrar las zonas de batalla, entonces entrarían en acción los hombres en la zona de reserva. Por lo tanto, la clave de la defensa de un sector del frente era la profundidad de la línea de trincheras, y en algunos puntos el sistema defensivo británico podía llegar a tener una profundidad de hasta seis mil metros. Con la experiencia demostrando que esa profundidad era más que suficiente para detener cualquier ataque; porque a todo lo largo de la línea en cuestión de segundos los defensores habrían salido de sus refugios para alinearse en los parapetos de sus trincheras y desde allí ellos lanzarían una verdadera lluvia de balas, particularmente de rifles, porque los infantes británicos eran famosos por el tiro-rápido que podían efectuar con sus famosos rifles Lee-Enfield

Pero el día 21 de marzo de 1918 los defensores sufrieron un amargo revés, casi toda la zona avanzada británica fue capturada en menos de una hora, y para el anochecer, pese a una obstinada resistencia, tres de las veintiséis divisiones británicas que estaban bajo ataque ya estaban a punto de ser expulsadas de su zona de batalla. Para los estándares de la Primera Guerra Mundial el avance de los alemanes era una clara evidencia del éxito que estaban alcanzando.

Ese primer día de ataque la violencia y la efectividad del bombardeo inicial ayudó enormemente a los stormtroopers, sin embargo la artillería por sí sola no fue el factor decisivo, porque sin importar cuantos proyectiles eran disparados siempre sobrevivía una cantidad sustancial de soldados, quienes obstinadamente defenderían los restos de sus trincheras y sus fortines. En cambio, su secreto del éxito en ese primer día de ataque fueron sus innovadoras tácticas de infantería.

Porque el alto mando alemán ya había aprendido lo siguiente: en un ejército de decenas de miles de hombres que se hallan desplegados a lo largo de decenas de kilómetros, los mandos medios y los mandos inferiores han de aprender a ejecutar una batalla de maniobras, y en esa modalidad de ataque a los oficiales, suboficiales y soldados en los batallones, compañías y secciones de stosstrüppen se les enseñó a encontrar las brechas y evitar las superficies en el sistema defensivo enemigo. Así ellos eran capaces de identificar puntos débiles en la línea enemiga, y saltando de cobertura en cobertura, se infiltrarían por las brechas, y sí encontraban en su camino una sólida posición enemiga, en lugar de quedarse a pelear obstinadamente, buscarían otra ruta de avance. Así evitaban las superficies. Definitivamente los mandos medios e inferiores actuaban dentro de un plan de acción creado por sus superiores, sin embargo los coroneles, capitanes y tenientes tomaban sus propias decisiones adecuándose, tanto al plan general como a la situación que enfrentaban, sin esperar a que sus superiores les dieran permiso de actuar. La toma de decisiones de los mandos inferiores era una parte fundamental en una batalla de maniobras, así quienes estaban en el frente de batalla podían aprovechar de inmediato las oportunidades que se les presentaban.

Y eso fue exactamente lo que sucedió ese primer día de la ofensiva. Los stormtroopers corrieron hacia las trincheras enemigas, sin lugar a dudas aquí y allá encontraron resistencia, pero los soldados hallaron las mejores rutas de ataque hacia el objetivo final: la retaguardia del ejército británico. Y para el anochecer tres divisiones británicas ya estaban a punto de ser expulsadas de su zona de batalla, donde deberían de haber resistido por días. Entonces, con las primeras tropas alemanas alcanzando la retaguardia de sus ejércitos, la confusión comenzó a apoderarse de los mandos superiores británicos.

El famoso oficial británico J.F.C. Fuller, un brillante teórico militar del que recomiendo que lean sus libros y ensayos, fue testigo del pánico que gradualmente se fue propagando en los cuarteles generales de los regimientos, las divisiones y los ejércitos. Algunos batallones que aún resistían obstinadamente en sus zonas de batalla recibieron órdenes de replegarse, otros recibieron órdenes de avanzar para reforzar posiciones que ya habían caído, y en otros sus líneas de comunicaciones a sus estados mayores ya habían sido cortadas; órdenes, contraordenes, y algunas veces solo el silencio cuando se pedían instrucciones. En el primer día de batalla todas esas realidades fueron dificultando enormemente la tarea de las tropas en el frente.

Para la noche de ese día las tropas del Káiser Guillermo II habían capturado doscientos cincuenta y cinco kilómetros cuadradas de territorio. Dos años antes, en la batalla del Somme, soldados franceses y británicos habían logrado capturar una cantidad similar de terreno tras ciento cuarenta días de combate. ¿Y las bajas en ese primer día? Los alemanes sufrieron la muerte de 10,900 hombres, 28,800 heridos y 300 prisioneros; mientras que los defensores británicos sufrieron 7,500 muertos, 10,000 heridos y 21,000 capturados. Casi cuarenta mil bajas para cada bando, una proporción de uno contra uno. Comparémosla con el primer día de la batalla del Somme, ese día la infantería británica lanzó su ataque usando los métodos tradicionales, y sufrieron 57,000 bajas mientras los alemanes sufrieron 8,000; una proporción de siete contra uno. La evidencia es contundente. El éxito de las tácticas de asalto de los alemanes es indiscutible.

Y a medida que la ofensiva se reanudó el caos fue aumentando en el bando aliado. Fuller fue testigo de como, presas del pánico, los comandantes y sus cuarteles generales emprendieron su huida y éste fue un efecto dominó, porque los cuarteles de los ejércitos fueron seguidos por los cuarteles de los cuerpos de ejército, de las divisiones, de las brigadas y de los regimientos… y así, ya sin unidades de mando, las tropas se convirtieron en una enorme muchedumbre y el frente se desintegró.

A nivel táctico las nuevas técnicas de asalto fueron brillantes, y los alemanes se adentraron más y más en el territorio aliado. Pero la ofensiva estaba condenada al fracaso; porque tras varios días de intensos combates el desgaste de las unidades de stormtroopers las dejó fuera de acción, y sin esos especialistas las restantes unidades alemanas usaron tácticas tradicionales. Lo que se traduce en que las tropas de los batallones avanzaban en línea recta hacia el enemigo sin importar la resistencia que hallaran. Y ahora las ametralladoras y los rifles de los aliados detuvieron en seco a los alemanes. Además desde diferentes puntos del Frente Occidental arribaron refuerzos; y por si eso fuera poco, tras cuatro años de efectivo bloqueo marítimo el aparato logístico alemán ya casi no tenía recursos. Así, tras algunas semanas de intensos combates la ofensiva perdió su impulso y eventualmente se detuvo. Y luego los aliados lanzaron enormes contraataques con los que eventualmente ganaron la guerra.

Así, pese a la derrota que finalmente sufrió Alemania en la Primera Guerra Mundial, ese fue el génesis de tácticas de combate extremadamente eficientes que eventualmente se transformarían en la famosa Blitzkrieg de la Segunda Guerra Mundial.

Bueno, me despido, esperando que les haya gustado el artículo.

Atentamente,
Victor Aguilar-Chang

 

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